9 de agosto de 2011

Eco

En la mitología griega, Eco era una joven hermosa.
Pero la diosa Hera se molestó porque la joven ninfa hablaba demasiado, y la condenó a no hablar nunca más, salvo para repetir las últimas palabras que había oído.
Entonces Eco se enamoró de un joven llamado Narciso.
Cuando él no correspondió a su amor, ella se puso triste y con el tiempo se consumió, hasta que sólo quedó su voz.
Ahí nace el mito del eco, que se produce en el vacío.
Según la mitología griega, es la voz de la ninfa Eco que escuchamos, repitiendo nuestras palabras, cada vez que oímos un eco.
Leyenda
La diosa Hera había castigado a Eco, y le impedía hablar. 
La ninfa solo podía repetir la última palabra que pronunciara su interlocutor. Esto se debió a que Eco cubría a Zeus sus infidelidades hacia Hera, y la entretenía con elocuentes conversaciones, mientras el dios de dioses se divertía con sus amantes.
En la versión más conocida del mito de Eco, ella se enamora perdidamente de Narciso de quien el adivino Tiresias predijo, en su nacimiento, que tendría un larga vida si no se contemplaba a sí mismo. Este joven era muy hermoso pero despreciaba el amor de todos.
La pobre ninfa Eco no fue la excepción y Narciso despreció su corazón cuando la vio en el bosque y ella no fue capaz de responderle más que sus propias palabras. 

Entonces, ella desolada, ofendida se encerró en un lugar solitario y allí dejó de comer y de cuidarse. 
Así se fue consumiendo poco a poco, y el dolor la fue absorbiendo hasta que desapareció y se desintegró en el aire, quedando sólo su voz que repetía las últimas palabras de cualquiera. 
Esta voz es lo que llamamos eco.
Némesis, la diosa de la venganza, que había presenciado toda la desesperación de Eco, entró en la vida de Narciso.
Un día Narciso, que había vuelto a salir a pasear fue encantado por Nemesis, hasta casi hacerle desfallecer de sed. Narciso recordó entonces el riachuelo donde una vez había encontrado a Eco, y sediento se encaminó hacia él. 

Así, a punto de beber, vio su imagen reflejada en el río. Y como había predicho Tiresias, esta imagen le perturbó enormemente. 
Quedó absolutamente cegado por su propia belleza, en el reflejo.
Hay quien cuenta que ahí mismo murió de inanición, ocupado solamente en su contemplación.
Otros dicen que enamorado como quedó de su imagen, quiso reunirse con ella y murió ahogado tras lanzarse a las aguas.
En cualquier caso, en el lugar de su muerte surgió una nueva flor al que se le dio su nombre: el Narciso, flor que crece sobre las aguas de los ríos, reflejándose siempre en ellos, de una enorme belleza.
Dicen que aún en el Estigio (el mar de la tierra de los muertos), Narciso continúa admirándose.
Este triste mito griego, habla de pasión y rechazo, y muestra como la represaria y la venganza, lejos de ofrecer consuelo, tan solo incrementan la agonía.